Dos artistas buscando formas que nos hablen de lo que puede ser o sublime o abyecto ¿Qué significado otorgamos a lo uno y a lo otro? Esta muestra es una contraposición de temáticas y estilos. Raúl Urquiaga y Yue Benites presentan cuadros ante los cuales el espectador encontrará un aparente enfrentamiento. Cada artista ha escogido un campo sobre el cual manifestarse y desarrollar su propia cosmovisión, su propia manera de interiorizar la tragedia humana. Es un contrapunto entre la luz y la sombra en base a imágenes desoladas y trágicas que chocan como una especie de manifiesto sobre lo que realmente somos como individuos y lo terrible que tanto nuestro inconsciente, pero también nuestra realidad encierra.

© Cuerpecitos bastardos. Yue Benites.

Raúl divaga desde la forma clásica a un tono surreal y, a veces, hacia lo expresionista cuando observamos que distorsiona las formas. Sus trabajos proyectan visiones por momento desconsoladas o bien sensaciones ambiguas y más allá en situaciones interrogantes. Nos transmiten una concentrada cualidad poética que enfatiza ya sea la tristeza, el desconcierto, el éxtasis o una especie de resignada desesperación. Contemplamos rostros, extremidades, torsos y cuerpos desnudos -algunos bocetados y sin límites precisos- o bien en formas que rinden homenaje al cuerpo humano dentro de atmósferas extrañas y melancólicas. Llega a nosotros una sensualidad esencial plasmada en una vigorosa afirmación plástica de volúmenes. Una sensualidad tensa, enérgica, lacerada… 

© Raúl Urquiaga.

Por el contrario, los cuadros de Yue son directos, en un claro y desgarrado expresionismo. Rostros con los ojos desorbitados y cuerpos destrozados, informes, prisioneros de un mundo de espanto del que no pueden escapar y en el cual se encuentran determinados a sufrir. Seres anónimos realizados en base a manchas, líneas y tachas en gestos violentos, dentro de una desesperante monocromía. Todos ofreciéndose como como signos angustiados. El artista se ha decidido por una agresividad paroxística y agresiva que pretende dar testimonio del lado oscuro del ser humano y de la abyección con que las acciones sociales destruyen el espíritu. Sin embargo ¿son realmente seres humanos o solo desechos trágicos de una especie que participa de un mundo en descomposición?

© Todos íbamos a ser niños. Yue Benites.

Y así el espectador se interroga acerca de la verdad de los medios expresivos y sobre el valor que pueden proyectar las convenciones estéticas –que van hacia la luz o nos sumergen en la sombra. Sin embargo, frente a esta angustiada percepción se eleva siempre la expresión estética de la forma como un requerimiento íntimo. Los artistas han asumido su rol de intérpretes de nuestro trágico entorno. Obras que acusan y nos dicen con melancolía que puede  ser que triunfe la desesperanza pero también que solo el hecho de expresarla, de encontrar formas que hagan reflexionar, constituye una afirmación de la necesidad y posibilidad de cambio que nos exige el futuro. Cambio en el que todos nosotros somos responsables.