Habitar…Palabra compleja…Concepto desafiante… ¿Qué es habitar realmente? ¿En qué medida el arte y en este caso la fotografía están inherentemente vinculados a la idea de habitar

Entendemos la idea de habitar como el hecho de realizarnos en la vida como participantes de un colectivo humano en un espacio determinado. Un espacio al que creamos de una forma específica para allí transcurrir nuestra existencia. Una acción que tendría que realizarse dentro de un contexto que sea capaz de definirnos como seres humanos, que pueda forjarnos como verdaderas personas, que nos simbolice, que nos permita organizarnos de modo positivo. Forjar el espacio en donde seamos capaces de realizar nuestro proceso existencial de relaciones con los demás y el entorno. Tal es el sentido de habitar y si se lleva a cabo dentro de un concepto ideal, realmente se convierte en un rasgo fundamental que otorga al individuo su humanidad. Estos conceptos planteados por Martin Heidegger sirven así para cuestionarnos sobre la medida en que aquí, en esta ciudad nuestra, realmente somos capaces de cumplir con el ideal humano de habitar. Y así asumir cuan limitadamente hemos sido capaces de forjar un espacio que realmente contribuya a un mejoramientos social.

Sin embargo, también se nos señala que las características reales del habitar evidencian la idea de cómo los seres humanos somos realmente en este mundo. Para bien o para mal. Y viendo nuestra manera de habitar como sociedad ya tenemos una pauta trágica de la angustia del mundo contemporáneo en cuanto al concepto de existir. Lo que nos rodea es tan circunstancial, tan sombrío en su futuro, hay tanta volatilidad en la sociedad tan quebrada, tan distorsionada…Y contemplamos a tantos seres que van por este mundo sin saber realmente quienes son ni por qué están. Transcurren simplemente y como en el verso de Vallejo son “hojas secas que no han sido verdes jamás”.

Sin embargo, ese verde –por algo es el color de la esperanza- está constituido por la manifestación artística y la fotografía es el medio que forja imágenes de la existencia que nos van a llevar a la reflexión. De hecho, las imágenes artísticas plasman una sociedad desintegrada. Una sociedad que no tiene un ideal de habitar porque está claro que no cuida de sus individuos, del grupo humano, de la naturaleza, de los hechos de la cultura… ¿Cómo construir la esperanza a partir de toda situación trágica?

Los artistas deben lidiar con la deformación de la idea de sociedad y de vida a que estamos sometidos. Nuestro mundo se ha construido en función a una idea perversa del existir, forjado en una fría tecnologización. El valor ideal del habitar se enfrenta al imperio del total individualismo. La ciudad de hoy se ha tornado en un espacio donde triunfa la imagen y el individuo deviene en consumidor. El espacio de la sociedad de consumo forja a los residentes según este nuevo aforismo: “Compro, luego existo”. El hombre ya no reflexiona más sobre sí mismo. Su vida fluye como un presente permanente, como circunstancia de comunicación instantánea que ha hecho cada vez más distante el término “lejos”. Este concepto -tan necesario al pensamiento- se ha convertido en un hecho del pasado.

La sociedad no asume su deber de velar por ella misma. Las personas que van por las calles son una especie de sombras que pasan. Todo este contexto eleva la angustia existencial en los creadores. Aunque es precisamente esa angustia la que les conduce a enrumbarla y expresarla en imágenes que traduzcan, cuestionen, analicen y expongan el concepto de habitar que nos caracteriza. El artista asume esa angustia y la transforma en esperanza creando mundos a través de las imágenes y planteando su desazón, su inquietud, su sorpresa en formas que van a esbozar diversas perspectivas. Los creadores pueden ver el mundo en que vivimos, la ciudad en que deambulamos, con un propósito de crítica directa. Otros, la verán desde una construcción simbólica. Otros considerarán el aspecto estético formal para que el espectador descubra el enigma que encierran las imágenes. Porque toda obra artística encierra un enigma y tarea del espectador es develarlo y encontrar la verdad interna que allí subyace.

Obras artísticas que nos señalan que el sistema social no debe imponerse sobre la esencia humana. Entre todo ese enmarañado desorden social, el artista aprehende la vida, el habitar, el existir, en el encuadre fotográfico y nos conduce al análisis. Los creadores en la fotografía revelan un mundo que puede ser personal pero que visto por el espectador queda traducido como experiencias que impactan y sensibilizan. Los artistas convierten en realidad la visión filosófica que señala que ningún habitar puede tener sentido si es que no se ha reflexionado sobre él. En este caso, la reflexión está en las imágenes. El creador configura un mundo, construye símbolos, construye formas que cobran un sentido de vida. El espectador hace suya la verdad artística que encierran.

Siempre la verdad artística es resultado de un acontecer, de un proceso de configuración que va surgiendo según la situación del creador por un lado o por la experiencia del espectador por otro. Tal es el desafío de los creadores de fotografía que plasman el mundo en que habitamos. Este acontecer es inherente al ser humano. Inmerso en la experiencia del mismo, el individuo encuentra posibilidades de explicación e interpretación de su realidad. Las formas artísticas actúan sobre la conciencia como un estímulo que motiva a ingresar en un mundo de descubrimiento personal. Proyectan una especie de código hacia la interiorización de lo desconocido.

Cumplen así  los creadores con el desafío de dar un significado al mundo en que vivimos y de ese modo ejercen un deber esencial: educar a los ciudadanos. El trabajo artístico nos enseña así lo que idealmente debe significar el concepto de habitar. Desafío que continúa, que seguirá en tanto los hombres existan porque no somos sino forjadores de símbolos. Y el arte no es otra cosa que el medio por el cual las sociedades sabrán comprenderse, cuestionarse y sentir que tienen ante sí un futuro al cual deben conquistar.