¿Qué puede significar un número en la vida de un individuo? Un símbolo o un signo, probablemente. En fotografía, un número es el eje de toda creación, es el estar y no, es el ser y desaparecer. Es congelar y perpetuar el tiempo en una acción. Es un descotarse del fotógrafo a través de una imagen. Un número, fue en su momento, para mí, la representación de días de ausencia con la práctica fotográfica.

Un número puede ser representado por dieciséis; dieciséis son los minutos que dura un documental titulado “In the Street” (1948). Dieciséis corresponden también, a los milímetros del formato de cámara que utilizó Helen Levitt para rodar y documentar la vida de los ciudadanos de Nueva York en la década de los cuarenta.

© Helen Levitt, New York, 1940

In the Street representa la simplicidad en belleza, imágenes en movimiento con escenas de niños jugando en la calle, personas que deambulan perdidos en el espacio y tiempo conviviendo entre sí. La cámara documenta, penetra la urbe, se vincula con ellos, convive con las emociones de la gente, registra las penas, la alegría, la esperanza, el miedo, y la tristeza. Nadie se percata de ello; los individuos solo viven.

Pero Helen Levitt demostró que fue mucho más allá de eso. Ella es sinónimo de fotografía callejera, imágenes en blanco y negro, como también a color. Fotografías crudas, trasgresoras, misteriosas, poéticas y fantasiosas que, en muchas ocasiones, fueron representadas por niños del barrio de Spanish Harlem en la década de 1940, convirtiéndola así en una de las fotógrafas que mejor documentó la infancia en la historia de la fotografía.

© Helen Levitt, New York, 1940

Es justamente en las calles de Spanish Harlem en Nueva York, donde la obra de la fotógrafa nace. En una entrevista para una radio en el año 2002, Levitt se refirió al lugar donde caminaba con cámara mano, como un vecindario casi perfecto para hacer fotografías, teniendo en cuenta que, antes de la llegada de la televisión, los niños y sus familias vivían de puertas afuera, conviviendo con otros en la acera, transformando en ésta, un escenario mágico de actividad humana.

© Helen Levitt, New York, 1940

Levitt, aprendió este oficio de los maestros Walker Evans y Henri Cartier Bresson. Fue gracias a Evans que se inicia en el uso del laboratorio. De Cartier Bresson no solo recibió la influencia sobre el conocimiento de la fotografía, sino también la adquisición de un “objeto de deseo” que todo fotógrafo anhela: una Leica de 35mm. Levitt se fue de este mundo terrenal en el año 2009, pero dejó en sus fotografías, un lenguaje callejero simple pero auténtico, demostrando que la fotografía callejera no solo se percibe a través de un visor, sino que también se convive y se sumerge en ella.