Imagino las calles de mi ciudad. Veredas vacías, un aire frío y solitario, el tiempo suspendido en cada esquina, la melancolía bajo los faroles. Es casi imposible, por estos tiempos escribir literatura. Hasta me resulta difícil leer, tranquilamente alguna obra literaria. Quisiera ser como el personaje de El extranjero, Meursault, y ser indiferente, ante todo. Pero no, por estos días, tengo la sensibilidad (solo eso) de un poeta. Por eso, es mejor pensar en otras cosas, escribir artículos o pensar en la fotógrafa Vivian Maier y su catoblepas.

© Vivian Maier

Maier nace en 1926 en New York, la mayor parte de su vida la pasó ejerciendo el oficio de niñera. Y, también, durante la mayor parte de su vida practicó, fervientemente, su religión: la fotografía (de calle). La biografía de Vivian es convulsa, misteriosa. Y es que la fotógrafa adquiere la fama después de su muerte. Sus fotografías sin revelar fueron puestas en una subasta, John Maloof, estaba buscando información para escribir un libro de historia y decide comprar los rollos fotográficos. Poco a poco, aquel joven, se va dando cuenta, con cada imagen revelada, que ha descubierto una especie de santo grial. Ese es el inicio del documental Buscando a Vivian Maier, y que busca dar forma a la vida de la tan misteriosa fotógrafa.

© Vivian Maier

Pero, a pesar del misterio, hay una verdad en la vida de Maier y es que dentro de ella habita un catoblepas. Mario Vargas llosa, en su libro Cartas a un joven novelista, logra vincular a este animal mitológico con la creación literaria. <<creo, pues, que el novelista se alimenta de sí mismo, como el catoblepas, ese mítico animal que se le aparece a san Antonio en la novela de Flaubert (La tentación de San Antonio) y que recreó luego Borges en su Manual de Zoología Fantástica. El catoblepas es una imposible criatura que se devora a sí misma, empezando por sus pies. En un sentido menos material, desde luego, el novelista está también escarbando en su propia experiencia, en pos de asideros para inventar historias.>> En materia de fotografía, Vivian se alimenta a sí misma, escarba en su propia experiencia. Ella, a parte de las fotografías de calle, resalta por sus famosos autorretratos. Maier, se para frente a un espejo, encuadra, se mira y se devora a sí misma. Y, no solo eso, en sus tantos paseos con los niños a los que cuidaba, con cámara en mano, va sacando fotografías, va retratando la propia vida. Y a partir de eso, refleja a toda la sociedad de su época. No hay nada más autobiográfico que las imágenes de un fotógrafo.

© Vivian Maier

No cabe duda, que hay un catoblepas en cada creador. No cabe duda que la cultura es, más que nunca, muy necesaria por estos tiempos. Hay que despertar al catoblepas, hay que autorretratarnos mucho más.